Reflexiones en tiempos de covid-19: I

By 25 mayo, 2020junio 1st, 2020Opinión

«¡OBJETIVO CUMPLIDO!

Desde el 15 de marzo, que vi por última vez el Mar, y que empezó el aislamiento; mi objetivo era poder volver a verlo, cuanto antes, y en pleno estado de salud (no pillándome el virus). Podía haberme planteado objetivos más ambiciosos a priori, como ser mejor persona, trabajar mi autoestima, ser más honesto, más fiel, más ecológico, más humano, y todas esas cosas que planteaban los sociólogos, incluso algún antropólogo de catedra prestigioso, al principio del aislamiento. Una de las múltiples teorías vaticinaba un nuevo mundo tras el aislamiento. Yo nunca he tenido que hacer reflexiones de este tipo, y menos amparándome en aislamientos por órdenes gubernamentales; incluso en mi niñez en aquellos ejercicios espirituales en Arantzazu, yo ya solía llevar los deberes hechos. Mi vecino, el del 3º; un psicólogo argentino, afincado en Irún desde hace años por su trabajo de jefe de turno en Brioche Pasquier; ya me lo dijo un día que coincidimos en el garaje en plena semana del aislamiento total: “Jesús, nada va a cambiar tras esta etapa; te lo dice un licenciado en psicología de la facultad de Buenos Aires”. Por cierto, nunca entendí que hacía en el garaje montando una enorme arquitectura de rollos de papel higiénico a modo de piezas de lego. Yo solamente había bajado a coger una botella de vino.

El pasado 18 de Mayo volví a ver el mar; fue como esos amaneceres de día de Reyes de la niñez. Me levanté a las 5 y media; ya no podía dormir más. Me afeité, duché, y desayunado con la mejor ilusión; me fuí a la playa de Hondarribia. Fue maravilloso, la recompensa del trabajo bien realizado; cumplí mi objetivo, volví a ver el Mar después de dos meses y tres días (no recuerdo en mis últimos 30 años haber estado tanto tiempo sin ver el Mar). Estoy contento de haber cumplido mi objetivo.

Me voy haciendo mayor y voy sustituyendo los 10 mandamientos del catecismo escolar que me enseñaron en el colegio por los míos propios aprendidos durante mi vida. Y en un lugar importante está el Mar. El Mar, sin ningún tipo de afirmación complementaria; para mí es una palabra que sola dicta toda una filosofía de vida. Como soy de secano, nací en el Goierri; para mí el Mar es masculino. Los de costa lo identifican femenino, la Mar. Pero esta reflexión la voy a dejar para próximos aislamientos».

(Jesús Urabayen, Comercial de EuskoData)

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